La hidratación es de gran importancia para cualquier deportista, ya que ésta influye de forma directa en el rendimiento deportivo y en la prevención de lesiones.
Presentar un estado inadecuado de hidratación provoca diversos efectos adversos en el organismo que limitan el rendimiento físico y, incluso, pueden llegar a poner en peligro la vida del deportista. Una pérdida del 2% del peso corporal total afecta al rendimiento deportivo y si esta pérdida representa un 7% puede hacer peligrar su vida.
La deshidratación produce los siguientes efectos adversos:
– Reduce la capacidad de llevar a cabo un ejercicio prolongado al aumentar:
– El estrés cardiovascular.
– La percepción del esfuerzo.
– El riesgo de alteraciones de la función gastrointestinal y de malestar.
– Reduce la concentración y el funcionamiento mental.
– Reduce la fuerza y la flexibilidad de los músculos.
– Aumenta el riesgo de sufrir una lesión músculo-tendinosa (sobrecargas, roturas fibrilares, calambres musculares, tendinopatías, etc.).
Estos efectos aumentan a medida que la deshidratación aumenta.
Por todos estos motivos debemos promover que los deportistas se hidraten correctamente tanto antes como durante y después de los entrenamientos, los partidos y/o carreras. Cabe destacar que la pauta de hidratación siempre debe ser personalizada para cada persona, ya que la pérdida de agua y electrolitos puede ser muy diferente de un deportista a otro.
La bebida que deberían consumir todos los deportistas debe contener:
Agua: Para recuperar las pérdidas hídricas.
Hidratos de carbono simples: Proporcionarán energía inmediata y permiten mantener una glicemia adecuada durante la práctica deportiva, retrasando así el agotamiento de los depósitos de glucógeno. Por cada 100 mililitros de bebida debería haber entre 6-8 gramos de “azúcar” (glucosa, sacarosa o maltodextrinas), o lo que es lo mismo, 60-80 gramos de “azúcar” por cada litro de bebida .
Electrolitos: Los electrolitos que más se pierden durante la actividad deportiva son sobre todo el sodio y el cloro. El agua contiene gran cantidad de cloro, pero no de sodio. Es por ello que es necesario ingerirlo mediante bebidas deportivas. Para reponer las pérdidas de electrolitos durante la actividad física la bebida que se consume debería contener entre 460 y 1.150 miligramos de sodio por cada litro de bebida.

Por último, cabe destacar que si se aplican estos conceptos a niños que aún no han alcanzado la pubertad, la bebida de elección debe ser siempre el agua o bebidas deportivas ligeramente hipotónicas o que contengan un bajo contenido en sodio, porque en el sudor de los niños excreta una menor cantidad de sodio y por tanto no se deberá consumir la misma cantidad que en el niño que ya está en la pubertad o en la persona adulta.
Vía: Federació Catalana de Futbol.